Del 30 de octubre de 2007
El auspicio que la UdeG otorgó a la audiencia pública del Tribunal Latinoamericano del Agua, en las instalaciones del paraninfo de la universidad, es una muestra clara de esa hipocresía universitaria con que se viene caracterizando nuestro nuevo rector Carlos Briseño Torres.
El antecesor del actual rector poseía la suficiente indulgencia de propiciar que algunos de sus voluptuosos peones socialistas realizaran estudios, comentarios o críticas hacia un proyecto, que lejos de un beneficio público, responde a intereses grupales. De una gran presa (Arcediano) que suministraría de agua potable a la zona metropolitana de Guadalajara (como se sabe los ríos que alimentan estas presas sufren de una contaminación extrema, lo cual hace imposible limpiar el agua lo suficiente para el consumo humano). Claro que estas llamaradas de descontrol y rechazo estaban controladas por los grupos oligarcas de la universidad.
Pero al empezar el mandato del actual rector, esas voces inconformes, esos estudios que se hacían generalmente por parte de académicos de la universidad, que se oponían fuertemente a la construcción, dando a conocer los verdaderos intereses, fueron desechados y pronto el silencio total se hizo presente.
Como sabemos la Universidad de Guadalajara ha gozado de un puesto privilegiado dentro de la comunidad, es por eso que la política no puede caminar sin la bendición del sumo rector y viceversa. Se podría decir que la universidad goza de un poder moral dentro de la sociedad jalisciense. Lo cual hace que el estado busque el agrado, llevando así de la mano universidad y estado proyectos que generarán ganancias privadas.
Es alarmante ver como se han acomodado las líneas de poder en estas nuevas administraciones, claro que no le incomodarían a la universidad algunos millones más de presupuesto, ni posiciones privilegiadas dentro de la política, ni concesiones extras. Pero es necesario examinar el precio que hay que pagar por esa bendición, como puede en su mejor caso ser una sumisión total o sobre todo que se lleve a cabo el gran plan de la política neoliberal, que es el exterminio total de la educación pública.
Es necesario tomar el ejemplo de la mejor universidad de México que es la UNAM. Considerando cómo esa gran universidad está apuntalada por la alineación y organización de sus estudiantes, administrativos y académicos. Lo cual hace que este organismo funcione independiente de políticas exteriores.
Cuando ese alineamiento llegue a las arcas de la UdeG será capaz de exigir con una verdadera base el respeto hacía sí misma y hacia su sociedad (que es a ella a la que le debe su aparición). Mientras tanto tan sólo se limitará a prestar auditorios, mientras sus líderes continúan con su hipocresía universitaria apoyando proyectos alternos y por otro lado siguiendo proyectos políticos preestablecidos por presiones externas.

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